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1. Comparte las ideas que estás estudiando En las primeras 12-24 horas, habla con otras personas sobre el tema que estás estudiando y sobre los aspectos que te parecen más interesantes. Es un ejercicio simple pero muy poderoso, porque te obliga a profundizar en las ideas que constituyen el conocimiento que estás adquiriendo, con tu propias palabras, con tu propia interpretación. Compartir con otros supone que debes refrescar y estructurar las ideas en tu mente de manera tal que las puedas comunicar en forma comprensible. Ese proceso de pensar y verbalizar el pensamiento le da potencia a tus capacidades intelectuales de analizar y sintetizar información. No tienes que hablar de todo lo que estás aprendiendo de una vez, ni debes invertir horas en eso. Selecciona y comparte con otras personas las 2 ó 3 ideas más importantes para ti y desarróllalas, bien sea porque te parecen novedosas, peculiares, o porque te producen curiosidad. Inclusive, habla hasta de las ideas con las que no estás de acuerdo o sientes dudas. Una manera interesante de compartir lo que estés estudiando, es hacerlo a través de preguntas reflexivas que estimulen el diálogo y el intercambio de pensamientos. Por ejemplo, si aplicas esta sugerencia con los contenidos de este libro, podrías abrir una interesante sesión de reflexión con otras personas a través de preguntas como las siguientes: ¿Sabías que si estudias algo hoy, y no lo repasas mañana, pasado mañana sólo recordarás un 30% de la información? ¿Sabías que un psicólogo alemán del siglo 19 hizo importantes descubrimientos sobre la pérdida de retentiva en el tiempo? ¿Sabías que cuando hablas con otras personas sobre un contenido que estás estudiando mejoras sustancialmente la asimilación del mismo? ¿Por qué en el colegio no nos habrán enseñado mejor?
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