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Mayo 2012
¿Hay colirio para la ceguera paradigmática?

Cuando comprendes el fenómeno de los paradigmas se te puede aclarar la vista.

Si estás consciente de que los cambios de paradigmas no son otra cosa que cambios en las reglas del juego y, por consiguiente, cambios en las soluciones, te resultará mucho más fácil encontrar otras opciones que también pueden ser exitosas.

Es decir, también puedes usar los paradigmas como un colirio en función de evitar que tu motivación se empañe. Recuerda que los paradigmas no son buenos ni malos, sino que debes conocerlos, interpretarlos y manejarlos en función de tus metas y objetivos.

No hay duda de que es admirable que domines un conjunto de paradigmas, como lo hacía la empresa Sony con el reproductor de MP3, antes de que la empresa Apple sacara al mercado su iPod.

Pero ese dominio no debe traducirse en exceso de confianza, en rutinas mecanizadas, en prejuicios u obsesiones, porque ahí se origina la ceguera paradigmática.

Recuerda la historia que te conté de Manuel. Él era muy feliz al principio, cuando comenzó a trabajar. Estaba enfocado en aprender y prepararse para las oportunidades. Esos eran sus paradigmas dominantes. Eran sus motivadores internos. El decidió que eran su prioridad y ese valor hacía que estuviera motivado a esmerarse.

Pero cuando Manuel cambió de perspectiva y convirtió el sueldo en el paradigma más importante de su trabajo, automáticamente se desmotivó, bajó la guardia con él mismo, disminuyó la energía de su desempeño y terminó desempleándose.

Los compañeros de trabajo de Manuel tenían otra óptica. Por eso le decían que lo que ganaba no se correspondía con lo que trabajaba, y terminaron convenciéndolo de eso.

A lo mejor era verdad. Quizás el sueldo de Manuel era inapropiado, pero su decisión fue incorrecta: Manuel no tenía que disminuir sus motivaciones y sus sueños, debía preservarlos. Si para lograrlos debía buscar otro trabajo, eso fue lo que debió hacer. Pero no lo hizo.

Manuel no comprendió que el paradigma que tenía que enfrentar no era retribuir lo que consideraba justo por el sueldo que recibía. Eso lo enfocaba en la parte medio vacía de su vaso de oportunidades.

Para que no te pase lo mismo que a Manuel, debes apuntar mejor al paradigma de tu motivación esencial: Ocuparte de aprovechar todo tu potencial. Sólo así puedes estar pendiente y darte cuenta de los cambios de paradigmas y de tus prioridades.

Analicemos esto en la práctica:

Imagina que eres un gran futbolista y de pronto cambian las reglas: La pelota que se usa en el fútbol es sustituida por el tipo de pelota que se usa en el béisbol.

Por favor, no cometas el mismo error de los suizos con el reloj de cuarzo: No pienses que es una idea ridícula y que no tiene futuro. Piensa simplemente que es algo que puede ocurrir aunque parezca absurdo.

Si eres un buen jugador de fútbol y continuas jugando como lo hacías antes, con la pelota grande, va a ser verdaderamente difícil que ahora juegues bien.

Si no te ocupas de buscar comprender las propiedades de la pelota pequeña en función de usarlas para tus metas personales, tus chances de éxito disminuirán y con ellos tu motivación hacia el juego.

Precisamente, contar con esa comprensión te hace más flexible para adaptarte a las nuevas reglas, te permite aprender de ellas y te evita la miopía con tus prioridades.

Cuando amplias la flexibilidad y la disposición positiva frente a los cambios, no quiere decir que no cometerás errores o evitarás reveses emocionales. Lo que significa es que disminuyes las posibilidades de quedarte atorado ahí, encajonado en las dificultades, castrando tus fuentes de motivación personal.

La flexibilidad mental te facilita saber cuándo tienes frente a ti nuevos paradigmas que debes comprender y utilizar adecuadamente (si quieres permanecer en el juego y contar con chances de ganar). Ella es el pilar fundamental de tu motivación hacia el logro.

Además, la motivación al logro es especialmente importante por su valor nutritivo.

Cuando te propones objetivos y triunfas, automáticamente tu motivación se retroalimenta. Te das cuenta de que sí puedes conseguir lo que te propones. Esa sensación te proporciona más confianza y flexibilidad para plantearte nuevos retos.

De esta manera puedes deducir que una buena estrategia para darle mantenimiento a tu automotivación implica definir objetivos para el largo plazo que contengan sub-objetivos en el corto plazo que puedas lograr con más rapidez y facilidad.

Siempre ten en cuenta que el alma necesita alimentarse y celebrar todos los días, con sus pequeños pasos y no sólo cuando obtienes grandes éxitos.

Cuando de motivación personal se trata, lo más difícil no es encender la llama, sino mantenerla viva.

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